Misterio del enamoramiento

Si alguna vez percibes que te observan con intensidad, puede que te estén pensando, profundamente.

Si los ojos te brotan sin razón, así como los botones del girasol, probablemente sea en respuesta a quien te piensa.

Si se piensan es porque se necesitan en un momento específico por alguna razón que aún no entienden.

Si lo entienden, intentarán acercarse, si no, seguirán pensándose hasta que se cansen o alguno de los dos se abalance hacia un precipicio en donde tal vez se encontrarán con colchones de algodón, en donde tal vez sean devorados por pirañas venenosas.

Imaginen lo que pasaría si pudieran reproducir las candentes imágenes que les atormentan durante el día.

¡Qué idilio! ¡Qué poesía! ¡Qué vida! ¿Qué herida?

Solo 1 de cada 10 personas encuentra al amor hecho a su medida. Los otros 9 le tienen miedo a intentar.

MARIFA

Los años

Los años convierten el amor en un juego de estrategia, donde cada quien pone su experiencia sobre los sentidos, la razón sobre el impulso, la precaución sobre el deseo. Donde no hay miedo al tiempo, sino al desperdicio. Donde se entiende que la química es necesaria, pero no suficiente.

Los años, irónicamente, vuelven al amor inteligente.

Marifa

A nosotras nos crian con miedo

¿Por qué tenemos que andar siempre acompañadas?¿Por qué tiene que pasarnos algo? ¿Cuál es el problema si queremos dormir fuera? ¿Si me quiero mudar sola?⁣ ⁣¿Quién pensará qué? ¿Por qué habría de importarme su opinión?⁣⁣
⁣⁣⁣
Que sí, que hay que tener precaución, pero si la tengo ¿Por qué me haces sentir insegura con tus comentarios inoportunos?⁣⁣⁣
⁣⁣⁣
¿Los mecánicos solo engañan mujeres? Ajá y ¿ Y si lavo mi carro, si cambio mi aceite y conozco de su ingeriería? ¿Por qué tiene que salir mal? ¿Por qué tu lo dices? ⁣
⁣⁣⁣
Que no, no le temo ni a la oscuridad, ni a los lagartos, ni a las serpientes, que tampoco existe nada malo si así lo fuera. ⁣⁣⁣

⁣⁣ ¿Sexo débil? ¿Delicadeza, inocencia? ¿Rosa? ¿nervios?⁣⁣ Que eso es normal en todos los seres humanos, que sea de esa forma no significa que sea inmadura, o que «no esté preparada todavía», ¿Qué más tengo que esperar? ¿Qué tanto conoces de mi vida? ⁣

El miedo es humano, pero parecería que ⁣a nosotras nos lo inyectan para protejernos de monstros imaginarios.
⁣⁣⁣
Es cuanto.

¿De qué se escribe cuando no se está enamorado?

– De nada.

– ¿Cómo que de «nada»?

– Sí, de «nada.» Nadie escribe sin estar o haber estado enamorado.

– No estoy de acuerdo.

– Puedes no estarlo, eso no significa que tengas razón.

– Es imposible que todo el que escriba esté «enamorado», hay quienes lo hacen desde el dolor, la soledad, su gusto por la naturaleza, o el teatro, los deportes, hasta de un sorbete…

– ¿Sorbete?

– «Pajilla» , «popote» , «calimete»…

– Ahh, pero no los usas ¿Verdad?

– ¿No uso qué?

– No usas el sorbete, le hace daño al medio ambiente.

– No lo uso, solo fue un ejemplo… mantengo mi posición, no todo el que escribe está enamorado.

– Y yo mantengo la mía de que sí lo están.

– ¿Ajá?

– Nadie dedica tiempo a algo o a alguien de quién no tenga o haya tenido una conexión profunda, alguna química inexplicable… eso, mi querido amigo, es a lo que yo le llamo «enamorarse». Va mucho más allá de un interés sexual.

– Pues te digo que le he escrito a quienes de nada me importan, simplemente por ser requerimiento del trabajo.

– ¿Y por qué vas al trabajo?

– ¿Cómo que por qué voy al trabajo? Pues porque me pagan, porque con eso subsisto…

– No te gusta tu trabajo pues…

– Bueno, me gustaba, pero ya me aburre, no le encuentro sentido.

-Ahh, te »gustaba»…

-Eso no prueba nada, dime entonces ¿Por qué sigo escribiendo?

-Eso solo lo sabes tú.

-No lo sé, por eso te pregunto…

-Y soy yo quien hace preguntas sin sentido.

-Es que trato de pensar en algo relativo a «enamoramiento» que me halla hecho escribir y te juro que no me llega nada.

-No tienes por qué jurar, la pregunta es sencilla ¿Por qué trabajas?

– Creo que es mejor no seguir hablando boberías.

-¿Y por qué no respondes?

-Porque ya me cansó este diálogo superfluo.

-¿Superfluo? Wow… wow… qué descortés y arrogante eres…

-Espera… y ahora por qué soy descortés, yo te seguí el jueguito hasta aquí.

-No mereces escribir, eres muy cruel.

-Pero… qué co…! ashhhhhhhhhhhhh, a ver, te responderé una pregunta, no más.

-Estás un poco agresivo, cuenta hasta diez, eso hace daño al corazón… ya entiendo por qué no lo vez claro.

-¡¡Pero ver claro qué!!

-Por qué vas a trabajo.

-Pues porque como sobrevivo entonces ¡¡¿Ehh?!! , cómo rayos le doy de comer a mis hi..? mierda.

Marifa

Inspirado en los diálogos socráticos y en honor al día del filósofo ¿Qué piensan ustedes al respecto? 💚💚

Los leo.

Besos de escarcha… 😘

He retornado en serio, de verdad, sin miedos

Me enfrento otra vez a una página en blanco y me aterra. No saben cuantas vueltas me inventé para postergarlo. Porque sí, me gusta escribir, pero crear el hábito, fomentar la disciplina de hacerlo todos los días, pues no es un asunto de querer, más bien del hacer conscientemente, continuamente.

Ya lo había intentado en veces pasadas pero entonces me ganó la procrastinación, la falta de confianza. Ahora vuelvo a hacer la prueba. Un texto, de cualquier género, todos los días y hasta en varios idiomas pues, para retarme aún más, ¿Alguna recomendación en particular?

Besos de escarcha…

Él solo quería llorar

Quería llorar, olvidó cómo hacerlo. Se desvanecía por dentro.

Luchaba entre el dolor y la culpa sin ubicar escapatoria, porque en alguna parte de su vida, junto a la humanidad que le caracterizaba, se había perdido.

Buscaba ayuda. Nadie entendía cómo era posible que en su mirada se acomularan tanto peso, nadie podía entender cómo evitaba que sus pupilas explotaran.

Lo creían un fenómeno. Una especie sobrenatural, “tienes suerte, amigo, detesto los lagrimeos, eso es para gente débil”, “al menos te evitas de los mocos inoportunos”, pero a él no le hubiese molestado verse frágil, pero para las secreciones hay pañuelos, peor es tener que soportar una carga, peor es no poder soltarla como se debe.

Ironía de la vida, tenía de todo lo que cualquiera podría soñarse, pero él solo quería llorar.

Marifa

Pintura: “Como una lluvia mínima sin nubes y sin mar”, Claudia Dragante.

Por ser descuidada

Me gustaba llevar mi pelo rizo, vestir ropa colorida. Lucir aretes grandes y pomposos. Bailar con soltura, kizomba, zouk, kompa…cualquiera de esos ritmos pegajosos que al compás del tambor te resuena en las caderas. Era feliz. Nunca tuve dudas de mi herencia africana, nunca, hasta aquel día.

Era sábado, un hermoso sábado ahora que lo recuerdo. Estaba en los ensayos de coro de mi secundaria practicando una hermosa canción para el concierto de que se avecinaba. Al finalizar, lo único que tenía en la cabeza era “comida”, tal vez por eso llegué a la puerta antes que los demás. Justo al momento de cruzar, una voz me hizo devolverme, era Luis, el líder de del Combo Caribeño, al cual yo pertenecía.

Me dijo que la Coral de las flores, agrupación súper conocida en mi país, estaba haciendo audiciones, que necesitaban voces como la mía, contralto, la más grave en una mujer. Me preguntó si quería participar, no lo pensé dos veces ¡Claro que sí! Imaginé sería una oportunidad maravillosa para aprender, conocer personas, crecer como artista. Regresé a casa emocionada, con la fe de que todo iba a ser positivo, especial, saben, esas historias fantásticas que uno se hace cuando quiere obtener algo.

Practiqué por dos semanas, solo una canción, una muy buena. No le dije nada a mis padres porque estaba muy nerviosa. Tengo ese problema de sentirme más a gusto cuando ningún familiar está cerca. El psicólogo del colegio me dijo una vez que era porque no les tenía confianza, yo creo que es porque nunca han estado ahí para mí. En fin, pensé mejor decirle cuando formara parte del grupo, porque estaba más que segura que así iba a ser.

Le dije a mi hermana porque ella es mi mejor amiga, además de que me iba a hacer menos preguntas, y esa es otra de las cosas que detesto, pero decidí ir sola.

Uno de mis compañeros del coro, Julio, me había comentado sobre las características de la agrupación. Mencionó algo sobre de que la apariencia era muy importante para ellos, por alguna razón, no logré recordar eso hasta ahora. En aquel momento entendí que ellos apreciarían mi desempeño, mi voz. Además tengo una muy buena canción. Me lo repetía porque para mí hacía sentido.

Soy negra así que, según mi abuela, nunca se debe usar el cabello rizado en ocasiones especiales porque eso quiere decir que eres una persona de baja clase, sin gusto y descuidada. Había crecido escuchando ese tipo de proverbios populares, y yo estoy colocando todas esas frases aquí, pero cuando tenía que haberme acordado, no lo hice, o tal vez era tan inocente que no le presté la atención.

Llegó el día de la audición. Me dirigí hacia el lugar. Al momento de entrar en la sala de espera, me topé con tres chicas que ya estaban en fila, que por cierto andaban muy bien vestidas. Traté de buscarles conversación con la intención de dejar la tensión atrás, de hacernos amigas, porque así de estúpida era, aunque le podemos llamar candidez para ser justos.

Se pasaron todo el tiempo mirándome como si fuera un bicho raro.  Pensé que había sido el momento más incómodo de toda mi vida, pero no, la experiencia no había terminado todavía, lo que sí pasó en ese momento fue que toda la confianza que había acumulado se me escabulló por la ventana de atrás.

Cuando me tocó hacer la audición estaba totalmente fuera de foco. Entré en una pequeña habitación que tenía un espejo enorme. Allí había dos personas esperándome con una sonrisa, demasiada falsa, pero funcional para el evento. Como mis amiguitas de la sala de estar, empezaron a mirarme como una basura, sí, así me sentía, y ni siquiera había comenzado a cantar.

Uno de ellos me preguntó el nombre de la canción, se las dije. Inicié. No mostraron ni el más mínimo interés. No dijeron nada pero lo sentía adentro, dolía demasiado. En medio del perfomance me indicaron que me detuviera, es suficiente, justificaron.De alguna manera pude aguantar las lágrimas.

Ellos dijeron que me iban a llamar, yo sabía que jamás lo iban a hacer, porque yo no los representaba.

Salí de a  habitación, irritada, aturdida. Entré en el baño, abrí el grifo. Allí el agua empezó a salir. Al mismo tiempo trataba de cambiar mi peinado, no encontraba una manera “correcta” de ponerlo. Estaba vacía, sola, me arrepentí de haberle escondido a mis padres lo de la audición, al menos me hubieran consolado, pensaba, me recriminaba.

Fue allí, en medio de la tristeza, cuando una joven salió del cubículo. Súbitamente me lavé la cara y traté de peinarme, otra vez en vano. La chica detuvo a mi lado. Le pregunté de mala manera qué se le había perdido, ella sonrió y dijo, “tienes un cabello hermoso. Me encanta.”

Marifa

Nota para el adivino

Había guardado tú número con sólo el nombre de encabezado, “Fulanito”, me parecía más cercano, más personal, más íntimo. Te sentía demasiado como para interponer apellidos entre nuestros sustantivos.

Hoy en un desesperado arranque, tomé el celular en las manos, me dirigí a los contactos, presioné “editar”, y no lo pensé dos veces: “Fulanito de tal”, ahora serás uno de tantos.

Así empezaba el poema que nunca llegué a terminar porque en verdad no pasó lo que dice que hice. Me avergüenza, porque cuando uno escribe uno supone que de lo que está ahí algo debe ser cierto, cuando no es así, aunque conecte con quien lo lee, no funciona.

En verdad quería hacerlo, pero cuando recordaba las estúpidas conversaciones, su risa maldita, su voz, el dulce timbre de su voz, la ilusión, toda esa ilusión de la cual estuve consciente, que disfrutaba, que disfruté, lo empecé a extrañar.

Aún juego con la idea de que algún día me sorprenda con un “Hola, ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo!”, y que entonces, hablaríamos hasta más no poder.  Se nos pasarían las horas entre carritos públicos, metro, trabajo y baño.

Llegaría la noche, nos despediríamos, “Duerme lindo, bruja”, me diría, “Descansa, adivino”, respondería, en sueños volaríamos donde nuestros deseos quisieran, bailaríamos un poco, con todo y sus pies izquierdos, uniríamos nuestros cuerpos hasta que el calor nos hiciera sudar.

Con la piel adornada de rojo carmesí, recitaríamos a Buesa, a Drexler, a Chocolate… sonaría la alarma, 6:35 a.m. Entraría el mensaje, “Bonjour, ¿Cómo te amanece?”, se repetiría el cuento, una y otra vez, una y otra vez…

Permanece la ilusión, eso me impide dejarlo atrás. Justo cuando estoy a punto de, mi disco duro interno empieza a reproducir escenas del más allá.

Eso de que “vienes como un fantasma” es una estupidez, a mis cortos años no he sentido uno,

a él sí, tan cierto como las once caries que tengo, molestas, de vez en cuando, dolorosas, de cuando en vez.

Eso de que “vienes como un fantasma” es una estupidez. Al espectro no lo he visto,

a él por todos lados, y lo he tocado, más bien, rozado, pero del tocar al rozar no hay mucha diferencia ¿Verdad? es como comparar la neblina con una ventisca, frío, viento, humedad, uno más potente que el otro quizá, pero lo mismo es, es lo mismo ¿Verdad? He preguntado eso dos veces, que poca creatividad, lo siento…

Ya estoy cayendo en el juego de nuevo, ¿De nuevo en el juego? Bueno, ojalá no me esté

volviendo loca… ¿y si de fantasma tiene más que de ciencia? Pero es que ya he dicho que es una estupidez, y lo sostengo… ¿Lo sostengo?

Con esos juegos mentales me atormento y les aseguro que quisiera olvidarlo, pero él no quiere. Me ha atado a sus pensamientos.  Mi alma se embriaga con exceso de “podría”, mi almohada despierta empapada de confusión.

Quisiera olvidarlo, pero él no quiere. Me envuelves en corrientes de dudas, batallo con miedos inventados, me aleja, no me deja ir. Quisiera olvidarlo. Mil límites hay en esta vida, vibran mis manos por el desgaste, estoy a punto de cruzarlos.

Cada que me decido a pasar página, me convierto en una fuente de versos interminables. Algún día tendré el valor. Algún día le escribiré, sin temor, “mi querido adivino, te digo adiós.”

Marifa

Algunos

Algunos cargan con una rabia tan grande que no les deja respirar. Se apodera de su sistema nervioso, los asfixia, los intoxica. El organismo se encarga de expulsarlo por medio de rabietas momentáneas y sin sentido que le toca a gente que nada tiene que ver. De las cuales siempre se creerán víctimas, cuando en realidad fueron los responsables.

Marifa

El chico de la gorra amarilla

Sentado en el parque está, rodeado de gente uniforme, envuelto en un ego que tal vez ignora, que tal vez conoce demasiado. Vestido de negro, con jeans ajustados, la barba abultada, las gafas gigantes. Mirándome aunque no lo miro, y sé que me mira  porque lo siento así.

La música alternativa es lo mejor, le dice  a su grupo de amigos con intención de llamar la atención.  En efecto, lo hace. Son pocos lo que se atreven a hacer semejante escándalo, son pocos los que se ponen a comparar a  Vicente García y a Riccie Oriach.

Prima tecata es el final… demasiado bueno mano… ¿Tú has escuchado Palm Beach? O sea, ahí se paran las aguas, demasiado bueno, demasiado bueno mano. Y el “mano”, siempre parado como un guanajo, repitiendo. Sí, lo mejor de estos años, sin duda alguna.

Eso lo dice todo el que carece de argumentos para discutir, pero no buscas que te respondan, no, has convertido al parquecito en el  Monte Olimpo  en donde tus lamboncillos te llevan ofrendas. Disfrazas tus discursos narcisistas de conversaciones triviales, te crees Zeus, y en general te había ido muy bien hasta que te topaste conmigo.

Al primer intento derribé tus falacias, el poder del hilo conductor te mis palabras te obligó a escuchar. Te fuiste alejando poco a poco, volviste a tu trono, el falso trono, donde te sientes seguro.

Ahora me miras desde lejos, como hacen los cobardes, porque sí solo a un gallina se le ocurre mirar, pensar, desear y quedarse quieto a que llegue respuesta de no sé qué estratosfera, mientras mira a quien no le devuelve la mirada. Solo a una gallina se le ocurre ponerse esa gorra amarilla,  pasar por mi lado e ignorarme, solo a un cobarde.

Me sobran las ganas de ir hasta allá y encararte, preguntarte ¿Qué demonios quieres de mí? ¿Por qué me miras tanto? ¿Qué esperas para dar el primer paso? No te lo mereces.  Tendrás que conformarte con el reflejo de mí remota figura, y  yo que no soy cobarde te exijo, aunque nunca me leas, que de lejos me sigas mirando, aunque no te mire.  Que no digas nada, aunque yo te sienta,  así la gente rodeada de ego  me  seguirá distrayendo solo para complacer su enfermizo deseo de seguir mirándome y no decir nada, aunque no te mire y  sienta mucho.

Marifa

 

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS 

Dame Amore’

Aquel día se pintaba habitual. El típico cielo azul, el sol caribe, las gallinas correteando  frente de la casa, los muchachos jugando vitilla… mi tía lastimando mis oídos, yo ignorándola… y así, todo normal. Mientras miraba las hojas que caían de la mata de mango, mis pensamientos se volcaron sobre mi. Sentía como las palpitaciones descendían, la respiración se regulaba, mis párpados jugueteaban… y allí, al cruzar el límite entre lo terrenal y lo onírico, una chancleta me rozó el hombro.

Mira muchacho de mierrrrda, yo tengo como media hora llamándote y tú no me hace caso, tu ta´ sordo e´, ¿Hay que llevarte al médico?  Dime a ver qué es lo que voy a hacer contigo… ¡Carajo!

Yo quería decir que sí, que de tantos gritos ya me había quedado sordo. Me contuve. La muy diestra venía artillada con la otra chancleta en la mano izquierda, una varita de cereza en la derecha, la correa en la cintura y por si fuera poco, el rosario en el cuello. Para no quedar mal con to´ esos santos, preferí bajar la guardia. Ustedes saben lo que dicen los viejos, «La oveja mansa se chupa su teta y la del otro.»

¿Tú me estás haciendo caso, engendro de la gloria? Hizo ademan de quitarse la correa. No me quedó remedio que hincarme. Mi tía bella… rrrrosa de mi alma, taba descansando un poco, hace mucho calor, no te oí, dime en qué la puede ayudar este humilde lacayo,  adornó mi performance con una reverencia, para agregar dramatismo al acto.

¡Qué calor ni que calor! Aquí siempre ha hecho calor, deja tu bendita zalamería.  Me tienes enferma de lo’  nervio y de la garganta…

«La oveja mansa se chupa su teta y la del otro», me repetía una y otra vez, a ver si me convencía de una buena vez. Respiré profundo. Me acerqué a ella.

Usted tiene razón, dígame a ver, ¿Qué quiere? Respiró, respiré, respiramos ambos, me iba a reír, pero no estaba en aguantar golpe, bueno, al menos no todavía.

Vas a ir al colmado a comprar dos libras de arroz, 10 pesos de cebolla y dos sopita. Y te das rápido que eso es para la comida.

Asentía, cualquier respuesta mal formulada sería usada en mi contra ¿Tú entendiste que es lo que me vas a comprar? Dígame mi soberana ¿Y esos códigos? Yo toy aquí antes de lo que canta un gallo.

Me puse lo primero que vi,  un polo desteñido, unos calisos, y las bermudas de jugar basquet, estaba enfocado en no olvidar lo importante: «dos libras de arroz, 10 pesos de cebolla y dos sopita», «dos libras de arroz, 10 pesos de cebolla y dos sopita», «dos libras de arroz, 10 pesos de cebolla y dos sopita», así me lo repetía hasta que llegué a la esquina.

Al entrar en el colmado de Don Jacinto, me topé con Rosi, la muchacha de la banca, mi casi cuñada. Siempre había sido muy amable conmigo. Me regalaba cosas y de vez en cuando me daba una bola en motor para mi casa. Por alguna razón no había logrado que mi primo Pablo cogiera cabeza. Al menos eso decía mi tía.

Y Pablito, ¿Cómo está? El, bien… Era malo con las improvisaciones de este tipo, para mi suerte, ella no ¡Qué bueno! Me le mandas saludos.

Me acerqué al mostrador, toqué con mis nudillos la balanza. Vi una figura a lo lejos, «Buenos días, saludos», no me hacen caso. «Tal vez estaban muy ocupados», pensé. Retrocedí muy lentamente porque no quería ir a otro lado. Di la espalda, justo al pasar el marco de la puerta, una dulce voz me detuvo.

¿Emmanuel? ¡Hey! ¿Cómo estás? ¡Qué gusto verte! Excúsame que no salí de una vez, Papi no está aquí. Yo quedé a cargo de todo esto, imagínate.  He tenido que limpiar los estantes, organizar las latas, sacar las cuentas, recibir mercancía, uff, un sin número de cosas… ay, no me hagas caso eso no es problema tuyo.

Tampoco era muy bueno con este tipo de escenas. Para no perder la esencia narrativa de la situación, vamos a detallar el dialogo:

-No, no, tranquila, yo estoy bien, luchando con el calor que me sube de pronto.

“Estúpido pedazo de carne con boca.”

-Emmm, ¿Cómo así? ¿Tienes fiebre?

-Ehh, jajaja, tu sabes que ese sol calienta la tierra y uno tiene que echarse agua pa’ no morirse quemado.

“¿Morirse quemado?¿En serio?”

– Ahh sí, jajaja, es cierto, yo me pongo, a veces, tan intensa que ni el agua me lo quita. Por las noches resuelvo con hielo y abriendo las ventanas de mi cuarto.

– Te mojas… te mojas… con… el hielo.

“Coño.”

-Jjajaja, no, no. Mi abuela me enseñó una forma de enfriar la habitación. Tu tomas una ponchera, le hechas agua, hielo, enciendes el abanico, abres las persianas y ya está, duermes fresquesito.

-Ahh mira, buena idea, no creo que la pueda hacer en casa porque no hay ponchera, ¿Se puede hacer con una cubeta?

“Adefesio mal parido.”

-Jajaja, claro Emmanuel, no importa qué envase utilices, cuando lo intentes me dices cómo  te fue.

-Claro, claro, está bien… Nos vemos.

Estamos claros de que estaba haciendo el ridículo. No me fui corriendo por dignidad. Debí haberlo hecho.

-¡Hey, hey, espera!! Emmma, todavía no has comprado nada.

¿Dignidad? Yo no sabía qué era eso.

-Jejeje, es que estoy medio distraído.

Medio era poco, y aunque la respuesta fue producto de mi palomería, logré, sin querer, que mi Abigail se sonrojara.

– Jeje, excúsame, yo hablo demasiado, dime ¿Qué te doy?

Amore… Dame amore. Pensaba mientras nos imaginaba comiendo helado de ron pasa en el Bon de la esquina, perriando hasta abajo en la marquesina, criando nuestro muchachitos en nuestra futura casa con vista al malecón…

-Emma, ¿Estás bien?

-Sí, sí, ¿Y tú?

Sí, soy un payaso.

-Jaja, siempre tan graciosos, sí, estoy bien, te pregunté, que qué era lo que necesitabas.

Mierrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrdaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Exacto, así como se lo imagina. En mi memoria solo quedaba sus ojos miel, y su vocecilla chillonita pero tan bonita… ahhh…

Emmanuel, no tengo todo el día. Sí, sí, perdón… Emmm yo quiero… ¿Qué era lo que yo quería, aparte de lo amore’? Tal vez ustedes lo recuerden porque se los dije, yo, en ese momento, estaba en blanco, así que utilicé la estrategia instintiva de supervivencia que hemos heredado de nuestros ancestros para salvarnos de momentos bochornosos: Mentir.

Emmm… yo quiero, dos libras de carne… 10 pesos de verdura y… dos yautías

– ¿Seguro?

No para nada estaba seguro.

-Sí, claro.

-¿Solo eso?

No, me faltaron los amores, pero eso no se lo pude decir.

-Sí, gracias. Pasa buen día.

– Igual, no te pierdas así.

Tuve que perderme unos cuantos días, o semanas, ya verán por qué, o bueno, leerán el por qué.

Salí caminando del colmado. Al fondo venía caminado la Doña. Me detuve frente a ella. Debía mantener la calma, pero el diablo, como siempre, hizo de las suyas. Me vio la funda que tenía en las manos. Se aproximó y la tocó como buscando algo. Yo sabía que venía.

Emmanuel Bencosme Santana Guillen, ¿Dónde está el arroz? Sonreí. Me quería mandar a correr, pero la muy experimentada me agarró y me dio.

No había luz, así que sí, medio barrio estaba apreciando semejante clímax, apoteósico y bochornoso.  A mí nada más me dolió que nunca me dieron lo amore.’

 

Marifa

 

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