Él solo quería llorar

Quería llorar, olvidó cómo hacerlo. Se desvanecía por dentro.

Luchaba entre el dolor y la culpa sin ubicar escapatoria, porque en alguna parte de su vida, junto a la humanidad que le caracterizaba, se había perdido.

Buscaba ayuda. Nadie entendía cómo era posible que en su mirada se acomularan tanto peso, nadie podía entender cómo evitaba que sus pupilas explotaran.

Lo creían un fenómeno. Una especie sobrenatural, “tienes suerte, amigo, detesto los lagrimeos, eso es para gente débil”, “al menos te evitas de los mocos inoportunos”, pero a él no le hubiese molestado verse frágil, pero para las secreciones hay pañuelos, peor es tener que soportar una carga, peor es no poder soltarla como se debe.

Ironía de la vida, tenía de todo lo que cualquiera podría soñarse, pero él solo quería llorar.

Marifa

Pintura: “Como una lluvia mínima sin nubes y sin mar”, Claudia Dragante.

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