Dame Amore’

Aquel día se pintaba habitual. El típico cielo azul, el sol caribe, las gallinas correteando  frente de la casa, los muchachos jugando vitilla… mi tía lastimando mis oídos, yo ignorándola… y así, todo normal. Mientras miraba las hojas que caían de la mata de mango, mis pensamientos se volcaron sobre mi. Sentía como las palpitaciones descendían, la respiración se regulaba, mis párpados jugueteaban… y allí, al cruzar el límite entre lo terrenal y lo onírico, una chancleta me rozó el hombro.

Mira muchacho de mierrrrda, yo tengo como media hora llamándote y tú no me hace caso, tu ta´ sordo e´, ¿Hay que llevarte al médico?  Dime a ver qué es lo que voy a hacer contigo… ¡Carajo!

Yo quería decir que sí, que de tantos gritos ya me había quedado sordo. Me contuve. La muy diestra venía artillada con la otra chancleta en la mano izquierda, una varita de cereza en la derecha, la correa en la cintura y por si fuera poco, el rosario en el cuello. Para no quedar mal con to´ esos santos, preferí bajar la guardia. Ustedes saben lo que dicen los viejos, “La oveja mansa se chupa su teta y la del otro.”

¿Tú me estás haciendo caso, engendro de la gloria? Hizo ademan de quitarse la correa. No me quedó remedio que hincarme. Mi tía bella… rrrrosa de mi alma, taba descansando un poco, hace mucho calor, no te oí, dime en qué la puede ayudar este humilde lacayo,  adornó mi performance con una reverencia, para agregar dramatismo al acto.

¡Qué calor ni que calor! Aquí siempre ha hecho calor, deja tu bendita zalamería.  Me tienes enferma de lo’  nervio y de la garganta…

“La oveja mansa se chupa su teta y la del otro”, me repetía una y otra vez, a ver si me convencía de una buena vez. Respiré profundo. Me acerqué a ella.

Usted tiene razón, dígame a ver, ¿Qué quiere? Respiró, respiré, respiramos ambos, me iba a reír, pero no estaba en aguantar golpe, bueno, al menos no todavía.

Vas a ir al colmado a comprar dos libras de arroz, 10 pesos de cebolla y dos sopita. Y te das rápido que eso es para la comida.

Asentía, cualquier respuesta mal formulada sería usada en mi contra ¿Tú entendiste que es lo que me vas a comprar? Dígame mi soberana ¿Y esos códigos? Yo toy aquí antes de lo que canta un gallo.

Me puse lo primero que vi,  un polo desteñido, unos calisos, y las bermudas de jugar basquet, estaba enfocado en no olvidar lo importante: “dos libras de arroz, 10 pesos de cebolla y dos sopita”, “dos libras de arroz, 10 pesos de cebolla y dos sopita”, “dos libras de arroz, 10 pesos de cebolla y dos sopita”, así me lo repetía hasta que llegué a la esquina.

Al entrar en el colmado de Don Jacinto, me topé con Rosi, la muchacha de la banca, mi casi cuñada. Siempre había sido muy amable conmigo. Me regalaba cosas y de vez en cuando me daba una bola en motor para mi casa. Por alguna razón no había logrado que mi primo Pablo cogiera cabeza. Al menos eso decía mi tía.

Y Pablito, ¿Cómo está? El, bien… Era malo con las improvisaciones de este tipo, para mi suerte, ella no ¡Qué bueno! Me le mandas saludos.

Me acerqué al mostrador, toqué con mis nudillos la balanza. Vi una figura a lo lejos, “Buenos días, saludos”, no me hacen caso. “Tal vez estaban muy ocupados”, pensé. Retrocedí muy lentamente porque no quería ir a otro lado. Di la espalda, justo al pasar el marco de la puerta, una dulce voz me detuvo.

¿Emmanuel? ¡Hey! ¿Cómo estás? ¡Qué gusto verte! Excúsame que no salí de una vez, Papi no está aquí. Yo quedé a cargo de todo esto, imagínate.  He tenido que limpiar los estantes, organizar las latas, sacar las cuentas, recibir mercancía, uff, un sin número de cosas… ay, no me hagas caso eso no es problema tuyo.

Tampoco era muy bueno con este tipo de escenas. Para no perder la esencia narrativa de la situación, vamos a detallar el dialogo:

-No, no, tranquila, yo estoy bien, luchando con el calor que me sube de pronto.

“Estúpido pedazo de carne con boca.”

-Emmm, ¿Cómo así? ¿Tienes fiebre?

-Ehh, jajaja, tu sabes que ese sol calienta la tierra y uno tiene que echarse agua pa’ no morirse quemado.

“¿Morirse quemado?¿En serio?”

– Ahh sí, jajaja, es cierto, yo me pongo, a veces, tan intensa que ni el agua me lo quita. Por las noches resuelvo con hielo y abriendo las ventanas de mi cuarto.

– Te mojas… te mojas… con… el hielo.

“Coño.”

-Jjajaja, no, no. Mi abuela me enseñó una forma de enfriar la habitación. Tu tomas una ponchera, le hechas agua, hielo, enciendes el abanico, abres las persianas y ya está, duermes fresquesito.

-Ahh mira, buena idea, no creo que la pueda hacer en casa porque no hay ponchera, ¿Se puede hacer con una cubeta?

“Adefesio mal parido.”

-Jajaja, claro Emmanuel, no importa qué envase utilices, cuando lo intentes me dices cómo  te fue.

-Claro, claro, está bien… Nos vemos.

Estamos claros de que estaba haciendo el ridículo. No me fui corriendo por dignidad. Debí haberlo hecho.

-¡Hey, hey, espera!! Emmma, todavía no has comprado nada.

¿Dignidad? Yo no sabía qué era eso.

-Jejeje, es que estoy medio distraído.

Medio era poco, y aunque la respuesta fue producto de mi palomería, logré, sin querer, que mi Abigail se sonrojara.

– Jeje, excúsame, yo hablo demasiado, dime ¿Qué te doy?

Amore… Dame amore. Pensaba mientras nos imaginaba comiendo helado de ron pasa en el Bon de la esquina, perriando hasta abajo en la marquesina, criando nuestro muchachitos en nuestra futura casa con vista al malecón…

-Emma, ¿Estás bien?

-Sí, sí, ¿Y tú?

Sí, soy un payaso.

-Jaja, siempre tan graciosos, sí, estoy bien, te pregunté, que qué era lo que necesitabas.

Mierrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrdaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Exacto, así como se lo imagina. En mi memoria solo quedaba sus ojos miel, y su vocecilla chillonita pero tan bonita… ahhh…

Emmanuel, no tengo todo el día. Sí, sí, perdón… Emmm yo quiero… ¿Qué era lo que yo quería, aparte de lo amore’? Tal vez ustedes lo recuerden porque se los dije, yo, en ese momento, estaba en blanco, así que utilicé la estrategia instintiva de supervivencia que hemos heredado de nuestros ancestros para salvarnos de momentos bochornosos: Mentir.

Emmm… yo quiero, dos libras de carne… 10 pesos de verdura y… dos yautías

– ¿Seguro?

No para nada estaba seguro.

-Sí, claro.

-¿Solo eso?

No, me faltaron los amores, pero eso no se lo pude decir.

-Sí, gracias. Pasa buen día.

– Igual, no te pierdas así.

Tuve que perderme unos cuantos días, o semanas, ya verán por qué, o bueno, leerán el por qué.

Salí caminando del colmado. Al fondo venía caminado la Doña. Me detuve frente a ella. Debía mantener la calma, pero el diablo, como siempre, hizo de las suyas. Me vio la funda que tenía en las manos. Se aproximó y la tocó como buscando algo. Yo sabía que venía.

Emmanuel Bencosme Santana Guillen, ¿Dónde está el arroz? Sonreí. Me quería mandar a correr, pero la muy experimentada me agarró y me dio.

No había luz, así que sí, medio barrio estaba apreciando semejante clímax, apoteósico y bochornoso.  A mí nada más me dolió que nunca me dieron lo amore.’

 

Marifa

 

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Te había superado

Pensé que te había olvidado, bueno, sabía que no, pero me lo creí, para no hacerme daño. ⁣⁣
⁣⁣
Todo iba de maravilla. Salí con otras personas, bailé por otras esquinas, me creció el cabello, le salieron horquillas. Me lo corté de nuevo, lo teñí para variar. ⁣⁣
⁣⁣
Conocí una que otra historia, volví a encontrarme. Me enfoqué, a tal grado, que mi vida giraba entorno a mis proyectos. Te juro que casi ni te recordaba, casi ni te sentía, casi ni me importabas. ⁣⁣
⁣⁣
De veras, todo iba casi perfecto hasta aquel día en que por desgracia, por curiosidad, revisé quiénes veían mis historias de Insta, y ¡Pum! Ahí estabas. Campante, apoteósico, en primera fila.⁣⁣
⁣⁣
Lo dejé pasar. No me interesaba, pero de buenas a primeras me empecé a peinar, a tomarme más selfies, a usar filtros, a estar más pendiente; a tirar indirectas, a cantarte canciones y a soñarte, de nuevo. ⁣⁣
⁣⁣
De veras que te había superado, creía que lo había hecho, bueno sabía que no, pero me convencí para no hacernos daño. Ahora no sé cómo enfrentar lo que está pasando, me gustaría saber si aquí lo dejamos todo, o si de una vez por todas lo empezamos. ⁣ ⁣⁣

Marifa⁣

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