Vernos despiertos

¡Ay! Sí las miradas no hablarán, ¿Qué sería de los corazones? Nada, exactamente nada, solo bombear sangre, oxigenar el cuerpo, latir en armonía con el viento, eso y nada más…

¡Ay! Qué insulsa sería la vida sin esa “picardía” de las cálidas pupilas enamoradas.

¡Ay! ¿Qué sería de las retinas, el iris, el ocelo? Nada, solo lagrimear y pestañear…

¡Ay! ¿Quién descansa cuando ama? Quién logra conciliar el sueño cuando los sueños se van durmiendo solo por vernos despiertos.

Marifa

 

Pintura: “El paseo”, de Pierre Auguste Renoir (1870).

 

Un poco más

Cuantas experiencias nos perdemos cada vez que cerramos las puertas.

Cuantas llagas provocan el orgullo, la resistencia, el miedo, la indiferencia.

Cuantas noches de compartir, cuantas personas, cuantos deslices… cuanta vida se nos pierde cada vez que engabetamos las ganas, que nos dejamos convercer por la procrastinación, la vagancia, el hedor de las péstes de tiempos pasados. Cuanta vida se nos va cada vez que renunciamos a dar un poco más.

 

Marifa

Pintura: “En la terraza”, Auguste Renoir.